La pesca ilegal y las acciones del Estado peruano

PESCA ILEGAL: MAÑANA ES TARDE

Alfonso Miranda

(*) Presidente del Comité de Pesca y Acuicultura de la Sociedad Nacional de Industrias

“Según la FAO, la pesca ilegal obtiene 26 millones de toneladas anuales a nivel mundial, lo que equivale al 30% de las capturas de pescado del planeta y se traduciría en ganancias de 23 mil millones de dólares. Esta actividad pone en riesgo la alimentación de 3 mil millones de personas que dependen del pescado como fuente principal de proteínas. En el Perú, las actividades ilegales de la pesca reportarían ganancias por 1.200 millones de soles. Afectan a pescadores artesanales e industriales legales, dañan el medio ambiente, compiten deslealmente con los formales, depredan nuestras especies y promueven la corrupción. 

Es sabido que en nuestro mar incursionan embarcaciones asiáticas y realizan capturas de pota al margen de las leyes nacionales. A pesar de que a fines de 2016 se dictaron normas para evitarlo, todavía no se ha revertido tal situación y estas naves proveen a los mercados de sus propios países; colocando en injusta desventaja a las pesqueras nacionales. La consecuencia de ello: una caída de nuestras exportaciones de pota en 2016.

En nuestro país, se desarrollan además otras actividades pesqueras clamorosamente ilegales; tales como operar establecimientos procesadores de recursos pesqueros sin contar con autorización, licencia de operación, habilitación sanitaria ni ambiental. Muchas de estas plantas secan a la intemperie ingentes volúmenes de pescado y sus efluentes se vierten irregularmente; lo cual constituye un verdadero crimen ecológico en el que no conocemos culpables.

A las empresas legales y formales, muchas de ellas en crisis económica, se les practica una suerte de persecución en posta por parte de OEFA, ANA, SANIPES, PRODUCE, SUNAT, DIREPRO, Municipios y otras instancias estatales que las obligan a contratar profesionales dedicados exclusivamente a atender a los agentes del orden. Se generan así miles de expedientes que se pierden en una kafkiana maraña burocrática, mientras que a los gestores de las fábricas ilegales casi no se les toca ni con el pétalo de una rosa; aunque usted no lo crea, como diría Robert Ripley.

La necesidad de obrar contra estas actividades absoluta y abiertamente ilegales deviene impostergable. Urge una acción concertada e inmediata del Estado para frenar la proliferación de estos establecimientos cuyas ubicaciones son ampliamente conocidas. De lo contrario, con el paso del tiempo podrán invocar pretextos de sensibilidad social para evitar su desmantelamiento y resultará cada vez más difícil erradicarlos. Se habla de decenas de estas factorías en nuestro litoral y, de no mediar rápida solución, seguirán creciendo a la sombra de la impunidad. Esperemos que el Estado actúe hoy, pues en el Perú todos sabemos que mañana puede ser nunca”

http://larepublica.pe/politica/1064972-pesca-ilegal-maNana-es-tarde

NOTA DE PESCA

Los dos relatos que se transcribe a continuación son historia de épocas pasadas en las cuales el Estado Peruano hacía respetar su soberanía dentro del dominio marítimo y protegía los recursos pesqueros en beneficio de la sostenibilidad de los mismos. Se refiere a la captura de la flota pesquera de Onassis en el dominio marítimo peruano en 1952.

En 2016 las imágenes satelitales muestran una flota extranjera impresionante que realiza sus faenas casi en el límite del dominio marítimo peruano de 200 millas y realizando, probablemente, incursiones dentro del mismo.

Hoy en día ¿Tenemos la capacidad de patrulleras y disponibilidad presupuestal para operaciones de interdicción de embarcaciones ilegales en el dominio marítimo peruano? ¿Existe la misma voluntad política para ordenar la intervención de la Armada peruana para capturar embarcaciones ilegales, detenerlas y conducirlas a puerto peruano para ser sancionadas?

La pregunta es ¿quién va a hacer algo al respecto? Hay una competencia de patrullaje que es del Ministerio de Defensa y también hay un tema de atención de servicios portuarios y de avituallamiento que se le da a esas embarcaciones en puertos peruanos que debería prohibirse para embarcaciones que violan el dominio marítimo. ¿Habrá alguna autoridad capaz de comerse el pleito?

El problema nacional es que reaccionamos a los escándalos o a las noticias de este tipo para olvidarlas rápidamente. Y no pasa nada porque no hay ciudadanía que sea insistente, perseverante y exigente con el tema al punto que cree una incidencia política, la cual se define como una acción provocada por ciudadanos para provocar y generar cambios.

Hoy ¿que planes existen ante la detección satelital de barcos dentro de las 200 millas? En el supuesto de que los controles satelitales detecten a esta flota, ¿quien va a hacer la interdicción? ¿Fragatas, patrulleras? Zarpando desde Paita o El Callao ¿cuánto demoran en llegar a la zona de detección? El país merece saber que acciones se tomaran y que sanciones se aplicarían.

¿O es que habrá otra forma de que las cosas cambien? Este tema de pesca ilegal tiene años o tal vez décadas de existencia, así como otros problemas de la pesca que se denuncian de vez en cuando para que no pase absolutamente nada.

Marcos Kisner

El país debe recordar su historia. Hace muchos años se actuó en forma decida contra la pesca ilegal como se muestra en esta nota.

“En la primavera de 1952, cuando el Perú proclamaba su soberanía sobre las 200 millas de mar territorial (tesis que constituye una daga en el corazón para la ConveMar), la cual –por supuesto- quedó oleada y sacramentada cuando la “Flota Imperial” de Onassis fue apresada y puesta en fuga por la Armada Peruana, siendo presidente el Gral. Odría.

Cuando la “Olympic Whaling Company” emprendió una expedición en busca de ballenas por las costas del Perú en agosto de 1954, la prensa peruana calificó a Onassis como “pirata ballenero”. Los encabezados atacaban a la expedición de Onassis: “Flota pirata ballenera desafía a nuestra Armada”, apareció como titular de carátula.

La prensa informó que la flota de Onassis, encabezada por el imponente Olympic Challenger, no solamente incumplía los reglamentos de la Comisión Internacional Ballenera, sino que el propio Onassis había violado la soberanía del Perú cazando ballenas dentro del límite de 200 millas fijado por el gobierno peruano. El límite de 200 millas fue discutido en Santiago, en agosto de 1952, cuando Perú, Chile y Ecuador decidieron establecer un mar territorial de 200 millas de ancho a lo largo de sus costas. Estas naciones votaron por capturar a cualquier “invasor” de sus mares territoriales y multarlos en proporción. Una editorial en La Prensa decía: “Las invasiones piratas, como las practica Onassis no pueden ser toleradas. Si llegan a ocurrir, los transgresores deben ser aprehendidos y sus naves confiscadas por la Armada”. Onassis, creía que el límite de 200 millas era absurdo, alegando que los mares eran “libres al tráfico marítimo” y que fuera de las 3 millas del límite “convenido desde la Edad Media”, sus barcos podían desempeñar sus actividades como les viniera en gana; consideraba cualquier interferencia, de algún gobierno ribereño, como “acto bélico”.

Ya que la mayoría de la tripulación de los barcos de Onassis eran alemanes, los temperamentos se exaltaban mucho cuando las noticias llegaban a la prensa de Berlín. “Los peruanos no se atreverán a detener al Olympic Challenger, “rezongaba el de Hamburgo”: Los peruanos están en plan de alarde”.

Pero los peruanos no estaban alardeando. El presidente Odría estaba furioso contra Onassis y no tenía la menor intención de permitirle que “violara el mar del Perú”. El 15 de noviembre de 1954, Perú embistió: Cuando dos de los barcos de Onassis, el Olympic Lightning y el Olympic Victor, fueron localizados cazando ballenas a 180 millas de las costas, dos destructores peruanos, el Aguirre y el Rodríguez, le ordenaron a los balleneros entregarse “por invasión de aguas nacionales”. Los barcos fueron escoltados al puerto de Paita. El mismo día otro navío peruano, el Castilla, y varios destructores más, capturaron más buques del equipo de Onassis. Los miembros de la tripulación fueron arrestados y sometidos a interrogatorios por la policía peruana.

A la mañana siguiente el barco madre, Olympic Challenger, fue realmente atacado por la Fuerza Aérea Peruana. Como una advertencia, se dejaron caer bombas alrededor del barco; el capitán Reichert ordenó al jefe de máquinas que se pusiera la nave a toda marcha para alejarse de las costas peruanas. Una de las bombas desgarró un agujero en el costado del barco, y el fuego de ametralladoras salpicó la cubierta. Nadie fue muerto ni herido pero la intención estaba bien clara. El Olympic Challenger se entregó.

Aunque un portavoz de la flota de Onassis declaró que los barcos estaban bien alejados del límite de 200 millas impuesto por el Perú, el gobierno peruano anunció que todos los balleneros habían sido capturados dentro. En los días que siguieron a la captura del Olympic Challenger, otros dos balleneros de la flota de Onassis, el Olympic Conqueror y el Olympic Fighter, se entregaron a los peruanos. Apenas seis de los barcos de Onassis escaparon y se refugiaron en el puerto de Balboa, en Panamá. Onassis estaba en Londres cuando supo de las dificultades de su flota. Públicamente estaba sorprendentemente calmado. “Estamos esperando para ver lo que se hace”, dijo. En privado, estaba considerando en mandar un convoy con mercenarios en sus propias naves, muy bien pertrechadas, para atacar a los peruanos. Sarcásticamente agregó que si los peruanos pueden extender sus límites territoriales de 3 a 200 millas “pues entonces un par de miles de millas más, y que incluyan a Australia entre sus posesiones territoriales”. Onassis declaró a los reporteros británicos que su flota había entrado a aguas peruanas porque el presidente del Perú le había prometido al presidente de Panamá que su flota podría operar a 50 millas del litoral peruano. Puesto que la flota de Onassis navegaba bajo el pabellón de Panamá (“bandera de conveniencia”), Onassis llamó por teléfono a funcionarios de ese país y les dio instrucciones para que tomaran una acción diplomática contra el Perú. La protesta, sin embargo, unida a las quejas propuestas ante la ONU y la OEA, no pudo resolver nada. Entonces hizo la transferencia del pabellón de su flota, de Panamá, al de la nación de su patria adoptiva, Argentina.

En Alemania, la captura y agresión al Challenger revelada por la prensa escandalizó a la opinión pública. Un encabezado a ocho columnas en el Bild-Zeitung de Hamburgo decía: “Bombas sobre marinos de Hamburgo: nuestros hombres del mar tratados como piezas de caza”. Las familias de los tripulantes exigían información relativa a la seguridad de sus seres queridos. Los temores se calmaron el 22 de noviembre, cuando la agencia de Onassis en Hamburgo recibió un telegrama del capitán Reichert: “Todas las restricciones sobre las tripulaciones a bordo de los barcos, así como en tierra, suspendidas (…) Nuestra gente todos en buen estado de salud, mandan saludos a sus parientes”.

Cuando los investigadores peruanos revisaron el confiscado Challenger, la bitácora indicaba que casi tres mil ballenas se habían cazado en las inmediaciones de la costa peruana. En menos de dos semanas de la captura de la flota, los Tribunales Navales peruanos habían multado a la Olympic Whaling Company con tres millones de dólares. Si la multa no era pagada inmediatamente, Perú amenazaba con incorporar los barcos de Onassis a la Armada Peruana. Onassis se rió de la amenaza considerándola como “un sueño loco peruano”.

Alemania ya había protestado por las acciones de los peruanos, y el gobierno británico pronto habría de seguir el mismo curso, apoyando a Onassis y su expedición ballenera, señalando que el Perú no tenía el derecho legal para evitar que los balleneros surcaran las aguas del mar a lo largo de las costas peruanas. Los británicos recomendaron a Onassis “poner a prueba” la validez del límite peruano de las 200 millas”.

Finalmente, el 13 de diciembre de 1952 un representante de Onassis y un alto funcionario del Ministro de las Finanzas del Perú, se reunieron para completar el pago de la multa. El dinero había sido remitido a Lima, procedente del City Bank de Nueva York. El representante de Onassis pagó la multa asignada al funcionario peruano, pero no sin presentar una propuesta formal al gobierno peruano. Se le concedió al Sr. Alemán el permiso para que apelara la multa de un tribunal superior. El gobierno peruano anunció que el pago de la multa quería decir que el límite marítimo del Perú era sagrado. De esa manera Perú obtuvo la seguridad que le daba reconocimiento mundial a su soberanía sobre las 200 millas de mar territorial. (“ONASSIS – F. Brady“).”

Fuente

https://reportperu.wordpress.com/2010/04/11/1952-peru-hace-respetar-%E2%80%9Cmanu-militari%E2%80%9D-su-soberania-maritima-ante-flota-de-onassis/

“En 1945, Estados Unidos, México y Argentina, de manera independiente, proclaman su derecho a explotar las plataformas continentales y las aguas que las cubren. En 1947 Chile proclama lo propio sobre las 200 millas marítimas, acicateado por la invasión de las flotas de balleneros que inundaban el Océano Pacifico y depredaban los mares del sur. Perú, Chile y Ecuador realizan una declaración conjunta que defenderán la soberanía hasta el límite de las 200 millas, dado que tenían intereses comunes los defenderían. La costumbre y norma hasta entonces era que el zócalo continental era considerado hasta el límite donde se llegue a la profundidad de 200 metros, esto beneficiaba a muchos países que tenían playas en el Océano Atlántico pero perjudicaba a los países que circundaban el Océano Pacifico, que se profundiza rápidamente. Las 200 millas eran una forma de lograr la equidad entre los países.

Dado este contexto, durante el gobierno de Manuel A. Odría, el 16 de noviembre de 1954 la flota ballenera de Onassis irrumpió en el mar peruano, por lo que de inmediato el Presidente ordenó la captura de las embarcaciones, logrando detener a 5 naves. El barco nodriza, el Olympic Challenger emitió por radio un mensaje que fue recogido en Panamá: “... estamos siendo bombardeados y recibimos disparos de aviones del Perú”.

Los tripulantes de la flota ballenera de Onassis dijeron que ellos estaban a 380 millas y las autoridades del Perú que los barcos estaban dentro de las 200 millas, como quiera que haya sido los barcos fueron capturados.

Una división de destructores capturo cuatro de los 5 barcos y el quinto fue forzado por un avión de la FAP a dirigirse al puerto de Talara como prisionero. La flota entera fue sorprendida a 180 millas de Punta Aguja y se rindieron sin resistencia. Otros barcos peruanos patrullaban el mar en búsqueda de la “flota pirata”. Las autoridades dijeron que los barcos peruanos tenían órdenes expresas de abrir fuego contra cualquier embarcación de la flota ballenera que ofrezca resistencia armada. Al menos uno de los buques de Onassis tenía armas. Finalmente la flota fue objeto de una multa de tres millones de dólares para ser liberada. El proceso fue escrupuloso legalmente y rápido.

Los destructores Aguirre y Rodríguez apresaron a los balleneros Olympic Victor y Olympic Lightning, a unas 180 millas frente a Punta Aguja. Otros dos balleneros fueron capturados por los mismos destructores 40 millas más al sur, frente al puerto petrolero de Talara. Un quinto ballenero fue obligado a entrar al puerto citado por un avión peruano.

Las protestas diplomáticas no se hicieron esperar. Los británicos, indicaron que la flota ballenera estaba asegurada por la firma Lloyd’s, de Londres, y además Inglaterra no reconocía el límite de las 200 millas. La respuesta del Presidente Odría fue que “los procedimientos y actitudes asumidos por el Perú, en relación con la flota ballenera del citado Onassis, son actos de soberanía, en cuyo respecto mi Gobierno no puede aceptar reservas o reclamaciones”.

La firma Lloyd’s estuvo de acuerdo con pagar la multa de tres millones de dólares impuesta por el gobierno peruano a Aristóteles Onassis, considerando que la flota ballenera estaba asegurada en más de cuatro millones de libras esterlinas. El 14 de diciembre, los cinco balleneros fueron puestos en libertad.

Este suceso consagro la soberanía peruana en las 200 millas del mar de Grau ante la comunidad internacional”

Fuente

http://polidrez.blogspot.pe/2010/04/las-200-millas-de-mar-peruano-y-la.html

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